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21/07/2026

La reserva ovárica no predice la evolución de la esclerosis múltiple, según demuestra un estudio de Vall d’Hebron

Dra. Mar Tintoré y Dr. Álvaro Cobo Calvo

Dra. Mar Tintoré y Dr. Álvaro Cobo Calvo

21/07/2026

La hormona antimülleriana se había propuesto como un posible marcador para anticipar el pronóstico de la enfermedad en mujeres, pero este trabajo muestra que esta asociación se explica por la edad cronológica de las pacientes.

Un estudio liderado por el grupo de Neuroinmunología Clínica del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) y el Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña (Cemcat) ha concluido que el envejecimiento ovárico, medido al inicio de la enfermedad a partir de los niveles de hormona antimülleriana (AMH), no tiene valor predictivo sobre la evolución de la esclerosis múltiple ni sobre la discapacidad a largo plazo. El trabajo, publicado en la revista Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, ha contado con la colaboración de los grupos de Bioquímica Clínica, Vehiculización de Fármacos y Terapia, Neurorradiología y Medicina Materna y Fetal del VHIR, así como del Hospital Universitario Gregorio Marañón y del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

La hormona antimülleriana es una proteína producida por los ovarios que se utiliza habitualmente como indicador de la reserva ovárica, es decir, de la cantidad de óvulos disponibles en las mujeres. Esta reserva disminuye de forma natural con la edad y es uno de los múltiples factores que pueden relacionarse con la edad biológica en las mujeres. Estudios previos habían propuesto la AMH como un posible marcador relacionado con la actividad y el pronóstico de las mujeres con esclerosis múltiple.

Para estudiar esta relación, el equipo investigador analizó datos prospectivos de tres centros hospitalarios: el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona y los hospitales universitarios Gregorio Marañón y Ramón y Cajal de Madrid.

El estudio incluyó a 365 mujeres de entre 20 y 45 años con un primer episodio sugestivo de esclerosis múltiple, en quienes se habían determinado los niveles de AMH poco después del primer brote de la enfermedad. Las pacientes fueron seguidas durante años para evaluar diferentes indicadores de la evolución clínica, como la aparición de un segundo brote, la progresión de la discapacidad o el diagnóstico de esclerosis múltiple según los criterios de McDonald.

Sin asociación entre la AMH y la evolución de la esclerosis múltiple

Los resultados muestran que los niveles de hormona antimülleriana no se asocian con un peor o mejor pronóstico de la esclerosis múltiple. "Cuando ajustamos por la edad de la paciente, demostramos que esta hormona no tiene capacidad predictiva. La posible relación observada en estudios previos entre la AMH y el pronóstico parece explicarse principalmente por la edad de las pacientes, con la que esta hormona está estrechamente relacionada", explica el Dr. Álvaro Cobo Calvo, neurólogo del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Vall d’Hebron y del Cemcat, e investigador del grupo de Neuroinmunología Clínica del VHIR.

La edad cronológica, es decir, cuántos años tiene una paciente, es uno de los factores más relevantes en el pronóstico de la esclerosis múltiple: las personas de mayor edad en el momento del inicio de la enfermedad suelen presentar un mayor grado de discapacidad. Aunque es habitual que las personas de más edad tengan niveles más bajos de AMH, los niveles de esta hormona no tienen un efecto independiente sobre la evolución de la enfermedad.

Por otra parte, se compararon los niveles de AMH de las pacientes con esclerosis múltiple con los de 145 mujeres sanas y tampoco se detectaron diferencias en los niveles de esta hormona entre ambos grupos.

Los resultados tienen importantes implicaciones para la práctica clínica, especialmente a la hora de ofrecer información basada en la evidencia a mujeres con baja reserva ovárica o insuficiencia ovárica prematura. "Estos resultados nos ayudan a aclarar una cuestión que había generado interés en estudios previos, pero que hasta ahora no se había confirmado en cohortes de pacientes tan amplias ni mediante ajustes estadísticos rigurosos. Hemos confirmado que la baja reserva ovárica no constituye un factor de riesgo adicional de discapacidad a largo plazo", concluye la Dra. Mar Tintoré, jefa asistencial del Servicio de Neurología/Neuroinmunología del Hospital Universitario Vall d’Hebron y del Cemcat, e investigadora principal del grupo de Neuroinmunología Clínica del VHIR.

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