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30/01/2026

El grupo Diagnostic Nanotools valida por primera vez en África su tecnología para la detección precoz de la malaria

Laboratorio Cubal

Personal realizando pruebas en el laboratorio

Equipo VHIR

Miembros del equipo del VHIR en Angola

Investigación de la enfermedad

Investigación de la malaria

Métodos de referencia

Pruebas con los métodos de referencia

30/01/2026

Un equipo del VHIR viaja a Angola para poner a prueba, en condiciones reales, un dispositivo innovador pensado para el diagnóstico masivo en entornos con recursos limitados.

El grupo Diagnostic Nanotools del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), liderado por la doctora Eva Baldrich, trabaja desde 2018 en el desarrollo de una nueva tecnología para el diagnóstico precoz de la malaria. El equipo ha dado ahora un paso clave con su primera validación de campo en África. A mediados de octubre, tres investigadoras del grupo se desplazaron a Angola para probar, por primera vez fuera del laboratorio, un primer prototipo.

El viaje ha permitido evaluar el comportamiento real del dispositivo, entender las limitaciones del contexto y obtener un aprendizaje esencial de cara a las próximas fases del proyecto. “Este primer viaje era sobre todo una toma de contacto, queríamos ver cómo era utilizar la tecnología sobre el terreno”, explica la Dra. Baldrich.

Probar la tecnología allí donde debe funcionar

La validación se ha llevado a cabo durante tres semanas en un hospital local, el Hospital Nossa Senhora da Paz de Cubal, en el marco de dos proyectos que avanzan en paralelo: por un lado, un proyecto europeo EuroNanoMed (QUPID), enfocado a la producción de dispositivos de papel muy sencillos; por otro, el proyecto CATMAL, respaldado por la convocatoria de Investigación en Salud de la Fundación “la Caixa”, que busca avanzar hacia una tecnología más sofisticada y eficiente con la colaboración del Centro Nacional de Microelectrónica (IMB-CNM, CSIC) y del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC).

Uno de los grandes retos ha sido trabajar en condiciones reales de campo, muy diferentes de las del laboratorio. El equipo ha tenido que adaptarse a la logística local, a la disponibilidad limitada de recursos y a las dificultades propias del contexto tropical. En los meses previos al viaje, el grupo dedicó un esfuerzo importante a optimizar la producción, la estabilidad y el transporte de los reactivos, que se liofilizaron para poder llevarlos en polvo y evitar la dependencia de la cadena de frío.

Otra consideración clave ha sido la implicación del personal local. Gracias a la financiación de los proyectos, se han podido contratar y formar a dos técnicos angoleños que darán apoyo al proyecto durante dos años, un paso clave para garantizar la sostenibilidad futura de la tecnología. “La idea no es solo llevar una tecnología desde Europa, sino sentar las bases para que pueda fabricarse y utilizarse directamente allí”, subraya la Dra. Baldrich.

Comparar, aprender y ajustar

Durante la estancia, el equipo ha comparado el funcionamiento del dispositivo con diversos métodos de referencia, como la microscopía, los test rápidos comerciales, el ELISA y la PCR. Esta comparación ha sido especialmente compleja, ya que todas las técnicas se han tenido que realizar a partir de una sola gota de sangre obtenida del dedo del paciente.

Los primeros resultados indican que el dispositivo ofrece una sensibilidad comparable a la de los test rápidos comerciales, con la ventaja añadida de proporcionar resultados cuantitativos, es decir, permite estimar la carga parasitaria y la gravedad de la enfermedad.

No obstante, también se han detectado falsos positivos y falsos negativos, una limitación que ya se da con las tecnologías actuales y que ahora se está analizando con más detalle, a la espera de completar los datos de PCR una vez procesadas las muestras en Barcelona. “Para ser la primera vez que sacamos la tecnología al campo, el comportamiento ha sido muy digno. Ahora sabemos qué debemos mejorar”, resume la investigadora.

Más allá de los resultados técnicos, el equipo destaca como uno de los grandes éxitos del viaje el feedback del personal sanitario local. Los técnicos angoleños han podido utilizar los dispositivos y han aportado una visión muy valiosa sobre qué pasos del protocolo es necesario simplificar. “Algunas cosas que nosotros vemos como críticas no lo son tanto para ellos, y al revés. Este diálogo es imprescindible si quieres que la tecnología sea realmente útil”, explica la Dra. Baldrich.

Un paso más hacia la erradicación de la malaria

La malaria sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más mortales del mundo, con más de 200 millones de casos y medio millón de muertes cada año. La Organización Mundial de la Salud alerta de que, tras la pandemia de la COVID-19, los casos han vuelto a aumentar debido a la reducción de recursos destinados a su control.

En este contexto, el proyecto CATMAL quiere contribuir al desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas más sensibles, objetivas y accesibles, especialmente pensadas para campañas de detección masiva y para identificar a pacientes asintomáticos o con baja carga parasitaria.

La experiencia en Angola ha sido también un reto personal y humano para el equipo, que ha trabajado en condiciones exigentes, compartiendo espacios, recursos y jornadas intensas en un entorno muy diferente del europeo. “Es una experiencia dura pero muy enriquecedora, que te hace entender mejor la realidad para la que estás desarrollando la tecnología”, concluye la Dra. Baldrich.

Con los aprendizajes de esta primera validación, el proyecto ya se prepara para una validación a mayor escala prevista para finales de 2026, un paso fundamental para acercar esta tecnología al uso real y avanzar en la lucha global contra la malaria.

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