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05/06/2026

Vall d'Hebron participa en un cambio de paradigma que incorpora el medio ambiente como factor de riesgo cardiovascular

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Dia Medi Ambient
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05/06/2026

Un documento de la Sociedad Europea de Cardiología en el que participa Vall d’Hebron plantea un cambio de paradigma en la prevención de la salud cardiovascular. Coincidiendo con el Día del Medio Ambiente, el campus destaca acciones que han permitido reducir el consumo de agua, aumentar la autoproducción energética y reciclar más.

La contaminación del aire provoca cada año cerca de 6,7 millones de muertes prematuras en el mundo y unas 1.300 en Barcelona. La mayoría no son consecuencia de enfermedades respiratorias, como suele pensarse, sino de problemas cardiovasculares. Infartos, ictus, insuficiencia cardíaca o arritmias mantienen una relación cada vez más estrecha con la calidad del aire que respiramos. Esta evidencia ha llevado a la Sociedad Europea de Cardiología a reclamar que los factores ambientales pasen a formar parte de la evaluación habitual del riesgo cardiovascular.

Coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente, el Hospital Universitario Vall d'Hebron da a conocer un documento de consenso elaborado por expertos de diversos países europeos en el que ha participado el cardiólogo e investigador del Grupo de Enfermedades Cardiovasculares, el Dr. Jordi Bañeras. El trabajo recopila evidencias científicas acumuladas durante los últimos años y plantea un cambio de paradigma: que la prevención cardiovascular no se limite a los factores de riesgo tradicionales, sino que incorpore también los determinantes ambientales.

"Hasta ahora, cuando un cardiólogo evaluaba el riesgo cardiovascular de un paciente, se fijaba principalmente en factores como el colesterol, la hipertensión, el tabaquismo o los antecedentes familiares. Ahora sabemos que el entorno también importa. El código postal, la calidad del aire o la temperatura de la calle pueden llegar a ser tan determinantes para la salud cardiovascular como algunos de los factores que medimos habitualmente en la consulta", señala el Dr. Jordi Bañeras.

Cada vez existe más evidencia científica que demuestra que el entorno en el que vivimos influye en la salud cardiovascular. La calidad del aire, el ruido que nos acompaña durante el día y la noche, el calor extremo asociado al cambio climático o incluso el exceso de luz artificial durante las horas de descanso pueden aumentar el riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardíaca o arritmias.

La contaminación atmosférica es el factor ambiental más estudiado. Las micropartículas generadas principalmente por el tráfico, la industria y la combustión de combustibles fósiles pueden llegar a los pulmones y pasar al torrente sanguíneo. Una vez dentro del organismo, favorecen procesos inflamatorios, estrés oxidativo y alteraciones vasculares que aceleran la aterosclerosis e incrementan el riesgo cardiovascular. Los investigadores alertan de que estos efectos pueden producirse incluso con niveles de contaminación inferiores a los límites legales actuales, motivo por el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda estándares más exigentes.

Frenar los efectos del cambio climático sobre la salud

El documento también pone el foco en los efectos del cambio climático. Las olas de calor cada vez más frecuentes, los incendios forestales o los fenómenos meteorológicos extremos someten al sistema cardiovascular a una tensión adicional. A medida que aumenta la temperatura ambiental, también lo hace el riesgo de mortalidad cardiovascular, especialmente entre las personas mayores, los niños, los pacientes con enfermedades cardíacas previas y las poblaciones socialmente más vulnerables.

"También existen amenazas menos visibles", advierte el Dr. Bañeras. El ruido persistente del tráfico altera el descanso y activa mecanismos hormonales relacionados con el estrés y la hipertensión arterial. La contaminación lumínica nocturna interfiere en los ritmos circadianos, esenciales para el correcto funcionamiento metabólico y cardiovascular. Además, la exposición continuada a sustancias químicas presentes en el agua, el suelo o en numerosos productos de uso cotidiano podría contribuir al riesgo cardiovascular a largo plazo. Este no depende únicamente de la genética o de los hábitos individuales, sino también de las características de los entornos en los que se vive, se trabaja y se descansa. Por ello, reducir las emisiones contaminantes, ampliar las zonas verdes, fomentar la movilidad sostenible o adaptar las ciudades a las temperaturas extremas no son solo medidas medioambientales, sino también estrategias de prevención en salud.

En esta línea, el Hospital Universitario Vall d'Hebron impulsa diversas acciones para reducir su impacto ambiental. Solo durante el último mes, las placas fotovoltaicas instaladas en el campus han generado cerca de 80.000 kWh de energía, una producción equivalente al consumo de 25 bloques de viviendas. "Las actuaciones en sostenibilidad tienen un impacto directo tanto sobre el medio ambiente como sobre la salud de las personas", destaca Esther Tomàs, directora de Infraestructuras y Tecnología y presidenta de la Comisión de Gestión Medioambiental.

El esfuerzo del centro también se refleja en otros indicadores. Durante 2025, Vall d'Hebron redujo el consumo de agua en 59.163 m3 respecto al año anterior, una cantidad equivalente a 24 piscinas olímpicas. También recicló más de 37.000 kilos de plástico, el equivalente a los residuos generados anualmente por 1.300 habitantes, y más de 507.000 kilos de papel y cartón, una acción que evitó la tala de unos 8.500 árboles. Paralelamente, consiguió reducir un 80% la demanda energética necesaria para calentar agua.

El código postal, la calidad del aire o la temperatura de la calle pueden llegar a ser tan determinantes para la salud cardiovascular como algunos de los factores que medimos habitualmente en la consulta, como el colesterol o el tabaquismo

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